La Iglesia tiene un papel muy trascendente en la educación espiritual de los niños. Los padres son los primeros responsables, pero la iglesia apoya de una manera importante. De hecho, puede construir o destruir lo que hacen los padres; y viceversa, claro. Entonces, ¿cómo puede la Iglesia ayudar a que los niños conozcan a Jesús como su Salvador?

Sugerencias

La primera sugerencia sería, por supuesto, apoyar el ministerio infantil con oración y todos los recursos disponibles. Incluirlo dentro de cada red de oración, verlo como oportunidad cuando se está dirigiendo en la búsqueda de los dones, reconocer el trabajo y el esfuerzo de sus líderes, destinar partidas presupuestarias generosas, animar a participar como voluntarios o cualquier otra manera que se presente a mano.

La siguiente sugerencia sería enseñar desde el púlpito o plataforma disponible: grupos de hogar, estudios bíblicos, discipulados, consejería, etc. Transmitir la importancia del niño como objetivo de evangelismo, como hijo de Dios, como digno de ser amado y de ser cuidado. Explicar su vulnerabilidad en un mundo hostil. Mostrar a un padre o madre que su hijo necesita de él, educar a la congregación que los niños también son parte de la iglesia y no deben ser mirados como “estorbos” o ni siquiera como futuros creyentes. Ellos ya los son. En presente.

Organizar actividades especiales para ellos cuando se está planificando el calendario de la iglesia. Y no estoy pensando en las reuniones específicas del ministerio infantil. Recuerda a los líderes de otros departamentos que los niños tienen relevancia. Es decir, si se está pensando en organizar unas Jornadas Misioneras, asegúrate de que hay también actividades para niños.

Y por último, una nota más práctica. Da la bienvenida a los niños. Independientemente si eres parte o no del Departamento Infantil, hazles sentirse acogidos con gestos sencillos, pero tan efectivos como: saludarle a él directamente y no solo a sus acompañantes adultos, recordar sus nombres, decirle que estás contento de que esté ahí o de que le has echado de menos cuando hace un tiempo que no le veías, o simplemente animarle a que se acerque más a Dios. Cualquier cosa que haga que el niño se sienta bienvenido en la casa del Señor.

Muchas veces, he visto cómo, consciente o inconscientemente, se ha relegado al niño al cuarto del fondo, y se le ha apartado de la bendición de sentir la presencia de Dios en los cultos. Sacándoles del salón de reuniones en cada ocasión, se le transmite la idea de que lo que ocurre ahí no es para los niños. Pero ¿no queremos que nuestros niños sientan la presencia de Dios? ¿No nos gustaría que nuestros niños vean milagros? ¿No queremos que escuchen testimonios vivos de lo que Dios hace?

Foto cortesía de David en Flickr

 

 

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